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CONSTRUYENDO UNA CULTURA SALUDABLE

La cultura organizacional es uno de los indicadores más importantes que nos ayuda a predecir  el éxito o fracaso de una organización. Sin embargo, es quizás el área que descuidamos con mucha facilidad. 

Cuando pensamos en el éxito de una organización, nos viene a la mente un producto innovador, una idea extraordinaria o quizás una campaña de mercadeo impresionante. Sin embargo, una cultura enfermiza es capaz de convertir cualquier esfuerzo bien intencionado en una pesadilla para todo el equipo de trabajo.

¿Cómo creamos una cultura saludable en nuestra organización? Parte de la respuesta para esta pregunta se encuentra en esta cita:

“Las culturas saludables no suceden por accidente”

Craig Groeschel

La clave está en actuar de manera intencional para crear y sostener una cultura saludable. Debemos escoger valores saludables y usarlos como base para construir la cultura organizacional. No estamos hablando de que todos piensen igual. Si no de que, hayan valores centrales que sirvan de guía para las decisiones en la organización. Hay 3 elementos que ayudan a darle forma a la cultura:


1. Lo que decimos:

La buena comunicación es vital para tener una cultura saludable. Debemos crear ambientes que fomenten la retro-alimentación del equipo de trabajo. La comunicación se da en formas variadas: verbalmente, no verbal (gestos y actitudes) & escrita (textos, chats & mensajes grupales). 

Resumo este pasaje de la siguiente manera: “Construye personas, no chismes”. Como líder tengo que estar consciente de que una parte importante de mi trabajo es que cada miembro del equipo alcance su máximo potencial para lograr las expectativas y metas de la organización. Mis palabras ayudan a construir personas o construir chismes.

La cultura saludable del equipo de trabajo comienza con la comunicación saludable. En la mayoría de los casos, la buena comunicación de un equipo de trabajo refleja la habilidad de su líder en comunicar y viceversa.


2. Lo que hacemos:

Lidera con tu ejemplo. Como líderes cristianos hemos sido llamados a inspirar a otros a seguir a Jesús y vivir para Él. Es muy difícil que una persona se sienta inspirada por un líder que no actúa de acuerdo a lo que predica. Este pasaje nos da una forma muy práctica de actuar:

Nuestras acciones y decisiones pueden fortalecer o debilitar la presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas. Como líderes debemos evitar que nuestras acciones sean de piedra de tropiezo para otros. Antes de tomar una decisión debemos preguntarnos si esta acción refleja a Jesús o no.


3. Lo que permitimos:

Nuestros grupos de trabajo se componen de personas con distintas personalidad y opiniones. Con éstas diferencias pueden surgir situaciones incómodas que provocan acciones negativas en el grupo de trabajo. Entonces, ¿debemos trabajar sólo con gente que piense igual a nosotros? De ninguna manera. Pablo nos recomienda:

La higiene personal es sumamente importante para mantenerte saludable. La ausencia de dicha higiene podría llegar a provocar una gran cantidad de enfermedades, algunas de ellas podrían llegar a ser muy graves para la salud. Lo mismo aplica con nuestras emociones. Para tener una cultura saludable debemos ser líderes que practican la higiene emocional. Debemos tener cero tolerancia a cualquier acción negativa que vaya en contra de los valores centrales. Éstas acciones negativas (amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia)contribuyen a una cultura enfermiza y por lo tanto debemos deshacernos de ellas con regularidad.

La cultura organizacional bien cultivada es el superalimento, que aporta ventajas y salud, haciendo de nuestra compañía un lugar de trabajo sano y un imán para esas personas a las que queremos atraer. La pregunta que debemos contestar es la siguiente:

¿Cómo estoy aportando a la cultura saludable de mi minsterio?

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